Los procesos de nacionalización y las economías
nacionales
Los procesos de nacionalización,
hacen referencia al traspaso de una entidad o empresa privada a un ente del
Estado. Representa una reestructuración de la economía nacional, pues al transformarse
en propiedad estatal, constituye una propiedad colectiva, con el fin de que el
Estado continúe la explotación de ciertos recursos en conformidad con el
interés general. (http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/2/955/4.pdf)
El
proceso de nacionalización es muy criticado por los medios económicos
dominantes que se encuentran generalmente en los países del Norte, pues son estos
los que realizan inversiones en países con menor capacidad de capital
monetario, humano o investigativo. Los
procesos de estatización, lesionan los intereses de las empresas que se ocupan
del aprovechamiento y extracción de dichos recursos, pues eliminan la captación
de capital por parte de estas empresas.
En los últimos años, algunos países de
América Latina, como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina principalmente,
han comenzado diversos procesos de nacionalización enfocados en los sectores de
hidrocarburos (petróleo y gas), minerales, servicios (electricidad, seguros,
transporte), con el afán de recuperar el control de sectores básicos de la
economía que se privatizaron en los años 80-90. Sin embargo, se hace espacio
para el análisis si esta ola de nacionalizaciones corresponde mayormente a
decisiones que impulsan la economía o si existe un vínculo principalmente
justificando un modelo de teoría política, en contraposición con el modelo
occidental de liberalismo o economía de mercado.
La
nacionalización y privatización de recursos y servicios ha sido siempre un tema
delicado dentro de la política tanto interna como externa de los países. Los
pueblos reclaman la pérdida de la soberanía al ver como las empresas se
privatizan, mientras que las grandes corporaciones transnacionales, aluden a su
experiencia en el mercado internacional y a la eficiencia de sus procesos.
Las
nacionalizaciones de recursos y empresas se han transformado en algo
relativamente común en países latinoamericanos. El contexto y coyuntura global
en el que los países más fuertes tienen problemas más grandes que una
nacionalización, por ejemplo, lidiar con una crisis económica que ha
desestabilizado su economía, y en el que los países latinoamericanos han
demostrado tener capacidad de no verse tan afectados por la crisis económica, hace
que las consecuencias de las nacionalizaciones no sean de un impacto profundo a
corto plazo. Sin embargo, las nacionalizaciones pueden ser delicadas
dependiendo de cuáles sean los estados involucrados, los recursos que se
nacionalicen y los ganancias o pérdidas económicas que estos signifiquen para
quien los explote.
Es
evidente que los actores, sean corporaciones y Estados, tengan intereses diferentes y se mantengan
fieles a aquellos intereses a los cuales responden, sin embargo, las tácticas
del libre mercado hacen que la competencia sea despiadada. Los países que están
aportando mano de obra, recurso natural, y espacio deben abogar porque sus
sacrificios se vean compensados; así como que sus intereses nacionales se vean
materializados a través de estas empresas. Si esto no sucede, las
nacionalizaciones serán algo cada vez más común y los conflictos a raíz de
estas serán frecuentes.
El proceso económico de la producción incluye
varios factores: capital, recursos, mano de obra, infraestructura, para citar
algunos. El país que tiene recursos naturales muy valiosos no necesariamente va
a contar con el capital, mano de obra específica o preparada para asumir no
sólo la administración, sino la producción.
Los sistemas económicos planteados en la actualidad
se enfocan mayormente a una apertura en la economía de mercado, provocando que
probablemente en un futuro los países que desarrollan actualmente procesos de
estatización, deban volver a privatizar algunas empresas que nacionalizaron
para no provocar la quiebra o pérdida masiva de capital. Sin embargo, aquellos Estados
que han realizado dichos procesos, deben enfocarse en la inversión de capital
humano; es decir, en la capacitación de personas que sean preparadas para
desempeñar los cargos en la administración que realizaban los empleados
extranjeros. De igual forma, la inversión en la industrialización de las
empresas y la maquinaria es un elemento fundamental para la efectividad de la
nacionalización, pues sólo de esta forma podrá existir una efectiva extracción
y aprovechamiento de los recursos o servicios.
También hay que tomar en consideración, el impacto
que tiene un proceso de estos a ojos de los inversores, pues en sí la
estatización de empresas tiene un impacto en la
percepción de riesgo de los inversores. Por ejemplo, la imagen que envía Argentina con el reciente caso de
Repsol, no es favorable a ojos internacionales, pues si bien es cierto que este
país significaba capital favorable para la respectiva entidad, la inversión se
puede encontrar en otro lugar que presente condiciones favorables para la
inversión.
Los Estados se encuentran en un dilema a la hora de
toparse frente a frente con un proceso de este tipo, pues existen varios
elementos que hay que tomar en consideración: primeramente, si el país se
encuentra en la capacidad de capital monetario, humano, industrial, de
maquinaria, infraestructura, investigativo, para llevar a cabo la
administración, producción, extracción, aprovechamiento de recursos, y que en
realidad estos vayan a ser utilizados adecuadamente para el bienestar de la
población; Segundo, debe tomar en cuenta, que se encuentra preparado tanto a
corto como a largo plazo de llevar las riendas de la actividad que antes realizaban
empresas extranjeras; Tercero, que el país se encuentre en la capacidad de
capacitar el capital humano necesario para que estos sean útiles a la rienda de
la empresa; Cuarto, debe analizar los dividendos económicos que se encuentran de
por medio, entre otros.
Decisiones de este tipo, que son fundamentales para
la economía nacional, deben ir dirigidas por un verdadero motivo de crear mayor
bienestar económico en la población, y no motivadas por exaltar el nacionalismo
o por crear un respaldo de la población hacia el gobierno de turno, como ha
sucedido en algunos países de América del Sur.
Tanto las privatizaciones como las empresas
estatales, son necesarias para el correcto funcionamiento económico y estatal,
pues ninguno de ambos extremos, ya sea “capitalismo salvaje” o modelos
socialistas, son prácticos en el mundo contemporáneo.
Fuentes Consultadas:
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